Venecia 2010

venecia Ciudad mirada, intuida, olisqueada. Sonada a través de la acústica vivaldiana de la iglesia de La Pietà y soñada desde el Puente de los Suspiros. Aquí confluye el rebufo del pasado con la modernidad chirriante.

Las miradas de algunos intentan franquear el avaricioso decorado de Bulgari, capaz de sepultar la memoria tangible de los edificios ocultos debajo de una máscara irrisoria como la promesa del cielo mismo. Otros le rezan a él.

Cada rincón es un preámbulo a una historia respirada, escurrida, penetrante. Igualmente que los diseños de Missoni revelados en las estelas de los canales, las luces resbaladizas de las góndolas estampan las impresiones fugaces, irrepetibles. La irisada tinta de los calamares y la densidad balsámica del Amaretto Disaronno son tan sólo un brochazo de brillo para dar la nota final.

Estos recuerdos, ya de vuelta a casa, acompañarán la constatación resignada sobre el encanto de la realidad corrupta reflejada en los fraudulentos cobros bancarios. Una vez más, el regusto de un Marzadro sosegado y noble hace que su digestión sea más llevadera. Venecia es insistente.

Una ciudad verdaderamente enviciada.

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