Tasmania 2011

Las cosas han cambiado desde que un día, hace más de veinte años, he intentado obtener el visado australiano.

Ahora, sentada en el hall de llegadas del aeropuerto de Melbourne tengo la perspectiva de unas seis horas más de espera para embarcar en un vuelo a Hobart.

De paso: Melbourne, una ciudad grande en su contenido y sus dimensiones.

number_plate Dirección: Tasmania, que para muchos no suena más que a diablo, que ya es mucho, y a mi me invoca el universo entero. Aquí los sueños de una chiquilla que deliraba ser una exploradora, al menos como Arkady Fiedler, o Tytus, Romek i Atomek, se precipitaban en lo inalcanzable.

Llegada, 6 de junio

Toca el brindis. A las tres de la madrugada. Una Crown que tiene notas lejanas de cherries y la textura aceitosa, una Cascade que anticipa la llegada a sus dominios natales.

Como todas estas veces anteriores, cuando mis fantasías infantiles llegaban a materializarse, también ésta vez, es un brindis hacia mi madre, que no podía contener las lagrimas escuchando mis ensoñaciones viajeras pero era ella, la de los pocos que nunca me han negado que si, que tengo el derecho de soñar. Y la obligación de soñar, al menos.

La obligación que, finalmente, me trajo aquí.

El interés por el kelp es una justificación posterior, potencialmente convincente. Igualmente como el deseo de doblegarse ante esos míticos vientos, los Roaring Forties, que causan sus estragos en el Cabo de Hornos y que son los mismos peregrinos que azotan las costas de Tasmania.

Y allí vamos, a su encuentro.

Hobart - Bicheno, 6-7 de junio

hobarts_gulls Solo alguna nube interrumpía las cascadas de luz de la tarde cuando emprendimos el camino al norte, hacia nuestro primer destino de buceo, el afamado (para los entendidos) Bicheno. El sol "a las doce menos cuarto" se proponía ya una bajada hacia el ocaso, precipitado éste por las colinas que impedían prolongar la vista hacia el horizonte.

Algo maltratados por el largo viaje hacia el invierno en pleno junio y la somnolencia digestiva después de haber comido fish & chips, no pudimos apreciar plenamente las bahías y las calas a nuestra izquierda. Llegamos al pueblo con el visillo de la humedad colgando sobre el Waubs Bay, ambientando nuestras expectativas del buceo de mañana.

divers_den Ahora Bruce y Jerk nos abren las puertas de su Diver’s Den.

Acabando el día con una muestra culinaria exquisita, una fusión del concepto italiano y la interpretación tasmaniana de la pizza y una, una vez más sorprendente por su calidad, cerveza de Iron House, caemos en las profundidades del sueño tanto necesitado. Mañana nos aguarda la inmersión tanto o aún más esperada.

La mañana es hoy. Y el viento sopla del norte. El cortito paseo por la mañana nos enseña que para buscar el sol hay que mirar hacia el norte. Miraremos al norte esperando que esa dirección del viento no sea persistente ya que rebaja la visibilidad. Tanto es así que el buceo tiene que ser aplazado hasta mañana. Así que mañana nos aguarda una inmersión todavía más esperada.

Para hoy, no obstante, las experiencias fuertes están por vivir. Pedimos al Bruce unos consejos de conducción. Bruce sugiere un pequeño cursillo y accede impartirlo de manera inmediata y práctica. A ver los resultados.

Toca la más famosa de las playas de Tasmania, la Wineglass Bay. Pero lejos de caerme pasmada bajo sus encantos, que las tiene indudablemente, el paseo sirve más para el propósito de pequeño entrenamiento que para cualquier otra cosa. El día, no obstante, sigue la tónica de constatar la más alta calidad de la comida. Y del aire. Es otro, otro mundo. Si los franceses presumen de su brie, el tasmano los bate estrepitosamente, si el vino es el producto puesto como estandarte en Francia, España o Italia, el vino de estas tierras tan duramente latigadas por el viento y frío es un competidor de igual a igual con él de esas naciones.

La enumeración y las marcas a favor de Tasmania crecen cada vez que nos sentamos a la mesa.

Bicheno, 7 de junio (i)

Big Chill. Nos ha tocado. Alegremente comentado en la tele, a nosotros nos hace dudar sobre las posibilidades de buceo de hoy. Es Tasmania y aunque nuestra experimentación de lo que ello significa está matizada por una colcha calentita, el cafetito, la ropa bien abrigadita, estamos en la vía de esa increíble, la más potente, potencialmente infernal y sin apenas un trozo de tierra imponiéndose en su camino corriente de aire que corre alrededor de la Antártida.

othree Y a pesar de todo, buceamos. Desde la orilla. Cerrar los trajes lo antes posible, ponernos las capuchas, los guantes. No llegamos a enfriarnos y una vez en el agua, bien. Un tiburón de bienvenida. El primer weedy sea dragon. Enseguida encontramos los sucesivos, esplendorosos en su aspecto, nobles en los movimientos acompasados. La inmersión se desarrolla en la ensalada del kelp. Los bichos son extraños o muy extraños. Pequeños spiders, como si fueran trocitos de limón, de color amarillo fuerte, salpican toda esa fuente de experiencias. Salimos después de una hora, sin el frío que tanto temíamos y sobre todo reconfortados por haber comenzado el buceo.

othree Para que las cosas estén a punto: un segundo buceo por la tarde. ¿Por qué no? Además, que sea más picante, sin la compañía de Bruce.

No falta el draughtboard shark para la bienvenida. Esta vez un grandullón y nada tímido se paseó restregándose sobre mis piernas. Unos cuantos dragoncitos (¡qué colores!), potentes anémonas, pufferfish, boxfish y otra fauna típica. Más un delicadísimo scorpionfish, para que no falte nada. Y luego, perdidos en el espacio, tuvimos que dar un largo paseíto para llegar a la orilla por la superficie, pero eso es lo de menos.

Agua arriba, agua abajo. El cielo sigue diluviando.

Bicheno, 7 de junio (ii)

Big Chill. Nos ha tocado. Alegremente comentado en la tele, a nosotros nos hace dudar sobre las posibilidades de buceo de hoy. Es Tasmania y aunque nuestra experimentación de lo que ello significa está matizada por una colcha calentita, el cafetito, la ropa bien abrigadita, estamos en la vía de esa increíble, la más potente, potencialmente infernal y sin apenas un trozo de tierra imponiéndose en su camino corriente de aire que corre alrededor de la Antártida.

othree Y a pesar de todo, buceamos. Desde la orilla. Cerrar los trajes lo antes posible, ponernos las capuchas, los guantes. No llegamos a enfriarnos y una vez en el agua, bien. Un tiburón de bienvenida. El primer weedy sea dragon. Enseguida encontramos los sucesivos, esplendorosos en su aspecto, nobles en los movimientos acompasados. La inmersión se desarrolla en la ensalada del kelp. Los bichos son extraños o muy extraños. Pequeños spiders, como si fueran trocitos de limón, de color amarillo fuerte, salpican toda esa fuente de experiencias. Salimos después de una hora, sin el frío que tanto temíamos y sobre todo reconfortados por haber comenzado el buceo.

othree Para que las cosas estén a punto: un segundo buceo por la tarde. ¿Por qué no? Además, que sea más picante, sin la compañía de Bruce.

No falta el draughtboard shark para la bienvenida. Esta vez un grandullón y nada tímido se paseó restregándose sobre mis piernas. Unos cuantos dragoncitos (¡qué colores!), potentes anémonas, pufferfish, boxfish y otra fauna típica. Más un delicadísimo scorpionfish, para que no falte nada. Y luego, perdidos en el espacio, tuvimos que dar un largo paseíto para llegar a la orilla por la superficie, pero eso es lo de menos.

Agua arriba, agua abajo. El cielo sigue diluviando.

Bicheno Dive Centre

bruces_yacht Bicheno Dive Centre. Un referente de buceo de la zona. Aire, nitrox, hasta el trimix. Bruce hace mezclas a medida. Desde hace nueve años. Igualmente que bautiza a los muy principiantes también introduce a los más avanzados en los paraísos de las profundidades, mientras tanto prepara el viaje de su vida por las aguas lejanas. Su velero, aparcado por el momento en la bahía al frente, parece que tendrá que aguantar todavía más que un desazón.

Ciertamente, no es el lugar para presumir de las aletas rosas y extravagantes trajes chic. Se impone la bruta realidad de lo útil, eficiente y del mínimo necesario. La cabeza bien asentada como principio y, aunque suene de redundancia, pero con tanta frecuencia pasa a ser descuidada por los buceadores, la forma física al menos suficiente para ser autónomo en el manejo del equipo. No es el buceo para los acostumbrados a que los dive masters de los resorts turísticos les metan los reguladores en la boca.

bicheno_dive Después de las inmersiones toca un pequeño tour costumbrista: los Bottle Shops y los restaurantes como trabajo de campo sociológico. La conclusión: los fumadores no lo tienen fácil aquí ya que en algunos sitios no se puede fumar al menos tres metros de la entrada al local. ¿Una medida más para que Tasmania pueda seguir presumiendo del aire más puro de la Tierra? Nosotros, muy de acuerdo. La pureza del aire es brutal. La Vía Láctea que encauza nuestra vista al cielo nocturno tasmano parece tener la densidad de nata montada.

Bicheno - 8 de junio

flood_ross Bicheno por la mañana, azotado por el viento del sur, significa volver al sitio de inmersión de ayer. Otra vez el encuentro con los tiburones, una enorme raya que hizo perder los controles a Jacek, ensaladera del kelp revuelto por el mar de fondo, bichejos de turno y lluvia para endulzarnos a la salida, y más lluvia.

Y luego una escapada a las ciudades de Heritage Highway: Campbell Town y Ross. La luz rasante con la que nos despedía esta última, currant jam slices y el té de las 5 p.m. en Old Ross Bakery & Tea Rooms resultaron una deleitosa mezcla para todos los sentidos. Encaminados para los días más cortos del año por estas latitudes gozamos del privilegio de contemplar la luz más excepcional y fugaz a la vez. El tributo que nos toca rendir por acceder a ese disfrute se traduce en bregar con el frío y la lluvia, pero vale la pena, sin duda.

tea_rooms_ross ROSS. Uno de los primeros asentamientos en Tasmania que reproduce las características urbanísticas de la época victoriana. Su edificación ha sido posible gracias al trabajo de los convictos de los que la isla es lamentablemente famosa.

Ciertamente, las sensibilidades de los asaltadores de caminos, ladrones de vacas o carteristas no tienen nada que envidiar a las de los afamados arquitectos de hoy. Quizá estos últimos deberían tener una proyección vital algo más variada ya que el escenario de la ciudad es exquisito. Realmente, la imagen urbana de la tarjeta postal. Mirando alrededor, nosotros mismos quedamos desconcertados por su encanto y no nos parecía nada descabellado estar alerta ante una posible aparición de los siete enanitos, de lo más traviesos.

Bicheno - 9 de junio

De noche he oído la lluvia y otra vez la duda sobre el buceo está sembrada. En cualquier caso, descarto llevar el equipo de fotografía. Ayer con el mar de fondo y la poca visibilidad lo único que he conseguido es comprobar el funcionamiento de los cacharros. Con la óptica puesta para el macro sacar el enfoque decente en condiciones de tanto revuelo resultó imposible. A ver, a ver...

bay_fires Pues va a ser que no. A pesar de la mejora aparente, parece que las condiciones de buceo no van más allá del sitio de embarcadero. Dejamos en cuarentena el equipo y decidimos hacer la visita al norte de la isla, que, por otro lado podría resultar menos probable una vez emprendido el camino hacia Hobart. Tampoco para mañana podemos hacernos promesas de mejora ya que, como dice Bruce, más allá de lo ordinario, no habrá.

bay_fires BAY OF FIRES. El nombre trae el recuerdo de las hogueras de los aborígenes que atrajeron a Tobias Furneaux, cuando en 1773 navegaba a bordo del HMS Adventure a lo largo de esa costa de treinta kilómetros. La impresión causada por la intensidad del fuego le indujo a pensar que esa tierra quedaba densamente poblada, cuando en realidad eran muy escasos y nómadas los habitantes de la tribu Panpekanner quiénes, por aquel momento, encendían las lumbres para preparar su comida.

No obstante la vivacidad del fuego está presente aquí permanentemente, en los ocres y anaranjados colores de los líquenes que cubren los peñascos costeros. Estamos presenciando el sol de ocaso que de manera increíble calienta las impresiones causadas por el entorno. La blancura de la finísima arena se reviste en las tonalidades rosadas pasando al zafiro precioso en las sombras. Cuando abandonamos la playa, ya bajo el cielo oscuro, aún los últimos fuegos del sol siguen encendidos en algunos charcos entre las rocas y, por supuesto, en nuestros recuerdos.

Bicheno - 10 de junio

THE CANYON. Quedamos a primera hora de la mañana, antes de lo acostumbrado. Vamos con Bob y Mark, dos asiduos del buceo de la zona. Los trastos van a la embarcación. La salida está lista. Vamos los cuatro a la inmersión emblemática de Bicheno, The Canyon. Treinta y cinco metros de fondo. Fresquito. Trayecto de diez minutos. Rápida entrada al agua y abajo. El descenso en el azul o, mejor dicho, en un caldo verdoso que, finalmente, permite ver el fondo. Los estrechos conos de luz descubren onduladas conmociones de los carnosos látigos de esponjas, violetas y naranjas entrenzadas entre las algas parduzcas. Todo el entramado de colores y texturas, lamiendo el fondo con las alargadas lenguas sin fin, respondiendo a las pulsaciones del oleaje, al compas de las contracciones del mar.

bruce_bicheno En efecto, hicimos una de las inmersiones más bonitas del Governor Island Reserve (no me la imagino con una visibilidad mejor) y digna de seria atención por las condiciones que se nos presentaron.

Salimos de Bicheno a media tarde. Me despido de Bruce con un sentimiento tan raramente experimentado por mí, de la cercanía con una persona que apenas conozco, de un aprecio colosal y un confort de haber compartido con él esos escasos instantes de buceo que pudimos consumar.

Eaglehawk Neck - 12 de junio

tasmanian_devil Camino hacia la Tasman Peninsula recorremos los parajes ya más familiares, más nuestros.

EAGLEHAWK NECK. Llegamos a oscuras. Ni siquiera nos perdimos por el camino. Todo sin contratiempos. Las señales dejan de avisar la presencia de los pingüinos en la carretera, en cambio, aparecen las de los diablos tasmanos.

eaglehawk_neck El despertar es tardío. La borrachera nocturna de los chicos que habitan abajo me ha robado varias horas del sueño. Finalmente, la experiencia empieza y salimos a bucear. Los nombres de las primeras inmersiones que se barajan son toda una apología para mí: The Cathedral, Waterfall Bay. Las abruptas paredes que flanquean el recorrido hasta los puntos de inmersión se imponen sobre los vientos que las azotan desde el sur. Son los mismos vertiginosos acantilados que una vez resistieron los impactos de los choques con la Antártida. Ahora abren delante de nosotros las incontables entradas en su sistema de cañones y cuevas, muchas de ellas esperando ser descubiertas y recorridas.

mick_eaglehawk The Cathedral es una madriguera llena de pasadizos, roturas, soportales y finalmente, altares verticales, adornados por exuberantes kelps, repletos de estrellas, erizos y otra fauna de formas insólitas. La inmersión de unos cincuenta minutos es un relámpago.

La sigue Waterfall Bay. Un fluir del kelp, un bosque denso de verdosidad salpicado con las manchas tintas de algas purpúreas. Saboreo su colorido como si fuese el mejor Pinot Noir de la zona. Hacemos un paseo a lo largo de la pared con las excursiones entre las rocas colindantes. Ya con el frío entrado en los huesos acortamos la inmersión unos cinco minutos.

De hecho, si no fuera por las diecisiete opciones (de los calditos instantáneos) sugeridas por Mick como tentempié entre las inmersiones, el desenlace tendría el regusto más cuajado. No obstante, estamos predispuestos aguantar lo que sea para volver aquí mañana.

Francamente, el tiempo mejora y para mañana (que sorpresa) no hay dudas en cuanto al buceo.

Eaglehawk Neck - 13 de junio

estrella_eaglehawk Bien abrigada, estrenando las ropitas calientes (Arctic) voy hecha todo un optimismo. La única preocupación es de no poder hacer el pis mientras dura la doble salida de buceo pero esto también encuentra sus remedios. El día se ha levantado espléndido. Llevo la cacharrería fotográfica con la óptica WL, lo que en cierta medida determina el destino. Repetimos el itinerario de ayer. Mi objetivo: el kelp. Tantísimas veces ideado, ahora está a la orden del día. Llegamos radiantes. Pequeño contratiempo con el octopus de Jacek nos resta algunos minutos de inmersión. Esta vez recorremos la larga cueva de la Catedral. Impactante variación entre la vida que rodea la cueva y la aridez dentro de la misma. A la salida, inmersos en la boscosidad del kelp nos dejamos llevar a su ritmo, permitiendo que nos ondulen a su gusto.

El break con el caldito y al agua. Y kelp y más kelp. Entre sus hojas se deslizan los tiburones de cuerpos salpimentados, alguna raya de las raras (mencionar el calificativo de raras resulta poco apropiado aquí, ya que lo extraño en Tasmania sería que no lo fuese), las estrellas galletoides, las langostas violetas, los peces dormitando sobre las hojas y consintiendo aproximaciones indecentes. Acabamos calentitos de contentos. A la salida, el sol no deja que se congelen en el pasado esas experiencias tan bonitas.

port_arthur Pasamos la tarde en el bucólico entorno de Port Arthur; hace más de un siglo y medio, una de las prisiones más severas del mundo británico. Rojizas ruinas distribuidas entre las sombrías arboledas, con el fondo precioso de la cuidada alfombra verde, se conectan con una delicada red de estrechos caminos, mirando hacia el Macquarie Harbour. El sitio supone la máxima atracción histórica de la isla. Nuestra visita es corta, acabándose con la puesta del sol y con la vista bien puesta en el dinner que hemos previsto en el cercano Fox & Hounds. La comida al puro estilo inglés resultó sublime.

Eaglehawk Neck - 14 de junio (i)

Vamos al SS Nord.

cliffs No me lo puedo creer. Es una leyenda. La meteorología nos recompensa por tantos días de aguardo.

Son unos cuarenta minutos de navegación a lo largo de la más impresionante costa tasmana. Quedamos boquiabiertos al contemplar la Cathedral Rock, atravesando el Cape Hauy, y mirando hacia el sur, el increíble sur de la Tierra. Los cliffs de 300 metros de altura forman el colosal rompeolas de la isla, el Cape Pillar.

Construido en 1900 en el Reino Unido se hundió en Munroe Bight en 1915 después de haber chocado con una roca que no aparecía en las cartas. La causante se llamaba Needle Rock, situada entre Hippolyte Rock y Cheverton Rock, que también provocó el hundimiento de SS Tasman en 1883. El SS Nord tenía 82 metros de eslora y 1057 toneladas de desplazamiento, con una hélice accionada por el motor de vapor de triple expansión y de doble caldera de 204 caballos. Su armador fue la Anglosaxon Petroleum Company, navegando entre Melbourne y Hobart con el cargamento de 12 mil barriles de bencina, cuando se hundió. Toda la tripulación sobrevivió.

S.S. Nord - 14 de junio

Antes de todo tenemos que dar tiempo para que el garreo de ancla enganche con el pecio. Entonces bajamos.

ss_nord El descenso es rápido en el azul, azul. Condiciones de ensueño teniendo en cuenta que la exposición al sur de Cape Pillar puede dar lugar a los vientos extremos. Extremos significa extremos literalmente. Visibilidad unos 20 metros que son muchos metros para esta inmersión.

Y poco, como siempre, demasiado poco tiempo de fondo. Nos damos un razonable margen para la deco mientras vemos lo que se puede hacer. Vamos a la popa que reposa sobre el fondo de 42 metros y que resulta más entera que la proa, pudiendo asomarnos hacia dentro por la hundida parte central. La hélice queda entera y el timón todavía en su sitio. Todo el pecio daría para varias horas de exploración. Pero todo es como un pestañeo. Alguna foto y arriba. En la parada se juntan con nosotros dos focas, de las de Tasmania, comprobando a ver que pasa con esos intrusos, quiere decir nosotros. Y ya está. Y queda el bienestar, este estado indescriptible cuando has hecho bien las cosas, cuando les has experimentado, les has sacado de las ensoñaciones y has puesto delante reales, palpables, les has descrito a tu manera aunque sólo sea a tus adentros.

Damos gracias a la fortuna que nos ha brindado ese momento de gloria: entre el Big Chill que se iba y el otro que está por venir, encajando entre los dos y aprovechando esa calma que acopla dos fuegos.

Eaglehawk Neck - 14 de junio (ii)

leon_marino La segunda parte de la salida está por delante mientras avanzamos hacia el sur tentando las condiciones del mar, si se puede más. Las rocas que sirven de tumbonas para las focas, el sol y las condiciones apetecibles nos sacan pronto de la cubierta. Parecía poquita cosa y dio para una alegría desbordante. Los bichejos de lo más sociables, primero algo distantes, enseguida se echaron a averiguar quiénes somos y, uno tirando de una aleta, otro haciendo la cola para tirar de la otra, el tercero dando saltos, el siguiente con las piruetas y así, hasta los veinte y cuatro he contado, que por separado y en conjuntos variados nos han entretenido durante toda la inmersión. Salimos desbordados por las atracciones. La sensación de que esto es el buceo se apodera de nosotros: la libertad de bucear en un sitio donde te dan las ganas y no porque así está convenido por no se qué.

La vuelta ya roza el ocaso. La luz enciende las miradas con el rojo que se asoma del horizonte marino.

fox_hounds Mientras mi compañero vincula nuestra suerte al albatros de pico amarillo, raramente visto tan de cerca como esta vez antes de buceo, tratándolo como un buen presagio para las ocurrencias de hoy, yo vuelvo al prosaísmo diario de alimentar mi alma y cuerpo con un buen plato, esta vez de carne, carne, con los aromas de pimienta verde y romero. El sitio de ayer, el de Fox & Hounds, valió el regreso para la cena de hoy. No nos arrepentimos.

Eaglehawk Neck - 15 de junio

pirates_bay La mañana se levanta en los rosados que se extienden sobre la ladera boscosa vista desde nuestra terraza. El sol enciende el agua de la Pirates Bay y pone en marcha los preparativos para la salida. Fortescue Bay como el primer destino para ver lo que queda de kelp forest.

Queda poco. No obstante el buceo en este rincón, como si fuese un lago tranquilo, adormilado, magníficamente iluminado por el bajísimo sol de mediodía, es una delicia. Merodeamos entre los kelps de 15 metros, la neblina de la superficie filtra los misterios de la luz y convierte a mi compañero en una rana curioseando entre las hojas, perdiéndose entre los follajes, dejándose enrollar por los serpenteantes tallos, espiando los adormecidos pececillos. Salimos babeando de gozo.

De vuelta, la inmersión en el túnel-cueva del tiburón durmiente, como lo he llamado.

Realmente la cueva podría llamarse igualmente la de millares de cangrejos ermitaños o de las gambas de ojos fluorescentes. Que más da. Nos ha tocado por el camino. Tuvimos ganas de echarnos al agua en este sitio y ya está. Las condiciones estaban a favor. Un conjunto de circunstancias mínimo pero suficiente para ser el amo de tu destino.

kelp_forest En estas aguas el sésamo no se acaba con falta de luz. Aquí se abren los cofres de tesoros precisamente gracias a la falta de luz. Recorremos desde el universo del kelp, del movimiento, de ajetreo hacia el interior oscuro, de una supervivencia señalada del más adaptado, del más idóneo. Volvemos por el mismo camino. Ahora a la entrada/salida nos encontramos con el draughtboard shark durmiendo en un nicho. La situación resulta sobrecogedora. El bicho está absolutamente indefenso, expuesto a nuestras miradas, a nuestra curiosidad. Podemos tocarlo. Casi avergonzados avanzamos hacia la vuelta, esta vez explorando algo más las bifurcaciones y los rincones. La salida está tapizada de las anémonas amarillas y algas rojas. No hay sitio para apoyar un dedo que no sea un algo viviente. Subimos cautelosamente el embudo de la salida hacia el sol, hacia el barco.

Eaglehawk Neck - 16 de junio

kelp Sopla el viento del norte. Buscando la protección vamos a la parte norte de Pirates Bay. La primera inmersión, Foc Rock, en el borde de una pared, en una laberíntica configuración entre las piedras. Movidos por el deseo de encontrar la fauna minúscula nos pegamos a la pared entre las ráfagas de oleaje. Las condiciones no son propicias para la macro. Dejo preocuparme por el enfoque y disfruto con las ondulaciones del kelp mientras, de vez en cuando, algún bicho se sitúa en mi campo de visión.

No obstante, la criatura que más nos ha ocupado al principio de la inmersión, distrayéndonos del magnífico entorno era la Divemaster que esta vez tuvimos a bordo y que, teóricamente, iba por libre pero que se pegó a nosotros como una lapa. En el agua nos ha demostrado hasta que punto presumir de la titulación se convierte en una ridiculez. La pobre parlanchina finalmente tuvo que quedar en la cubierta.

Karen Gowlett-Holmes, biologa marina, está a cargo de Eaglehawk Dive Centre junto con Mick Baron. Karen es una autoridad indiscutible en los invertebrados, explorando los mares del mundo y catalogando los bichos sobre todo los de las aguas australianas, fotografiando y transmitiendo sus conocimientos con un comedimiento y sabiduría extraordinarios.

kelp Nos queda la segunda, la última inmersión: Deep Glen Bay. Tenemos una increíble pared de unos 20 metros delimitada por la washing machine a la izquierda y una plataforma saliente hacia el mar abierto por la derecha, con el fondo de unos 40 metros. Aquí pretendemos buscar al handfish, situándonos en la franja entre los 18 y 24 metros, tal y como nos ha recomendado Karen.

Coincidimos que las posibilidades de encontrar el dichoso pez, en las condiciones de momento son, a efectos prácticos, nulos. No obstante quedamos fascinados con la pared que, como si fuera un tapiz multicolor de texturas cambiantes, nos hechiza, nos atrapa. Las dimensiones quedan relativizadas por el continuo movimiento, el fluir, el cambio. Además, la cuarta dimensión, la temporal, queda relativizada por el futuro más próximo de no buceo ya que aquí se acaban las inmersiones. Nos atrevemos con la controlada deco. En la parada, en el azul, la corriente nos lleva al mar brindándonos a su capricho los últimos balanceos en el increíble Mar del Sur.

Corinna - 18 de junio

corinna pieman_river El camino de uno nunca es recto. Aunque existen algunos tramos rectos en las carreteras tasmanas, conviene saber que pueden terminar en una curva en la que la velocidad de paso humano parece la más adecuada. Y ellas parecen interminables. A veces se tiene la impresión que la carretera desciende en espiral. Al final, hacia la caída del sol, se abre la inmensidad grisácea, cuyo rugido se presiente a muchos kilómetros de distancia. Entonces, después de momentos de incredulidad, sigue el camino...

There's more, but i'm blinded by ignorance, and have to be content to see without naming. Encontrado en un libro de fotografía, Corinna

Es el camino hacia el Wild West. Es la última semana que nos queda.

Corinna. Ya al atardecer y después de varios momentos de interrumpir el camino para respirar los soplos de oeste y palpar el aire que nos rodea, llegamos al río Pieman. El paso tenemos asistido con el único en Tasmania ferry conducido por cable. En la otra orilla está nuestro alojamiento, Tarkine Hotel.

tarkine_forest Inesperado, asombroso. Bajo la lluvia que licua todo el paisaje se extiende el bosque más maravilloso que he conocido, el Tarkine, las taninas veredas del rio, los senderos que se pierden en la niebla. Todo nos traslada a los parajes de Jurassic Park, a las montañas del Señor de los Anillos y del Río Salvaje juntos. Avanzando con una pequeña barcaza hacia los afluentes del río Pieman, sus ramales oscuros y poco transitables, iremos inclinándonos debajo de los troncos caídos, atravesaremos los visillos de las gotas suspendidas de los helechos gigantes, dejaremos que nos guíen los ronroneos de lo invisible. Es el mundo de lo Otro, de lo soñado, cuando la oscuridad se convierte en una manta tenue y generosa, cuando el deseo infantil de jugar con todos los duendes inimaginables deviene real bajo el abrazo de la noche.

Arthur River - 20 de junio

corinna Un día para recorrer los túneles arbóreos que conectan Corinna con Arthur River. La carretera es un hito del oeste, un destino en si misma. Construida como el camino a ninguna parte lleva la señal del fin del mundo si la acabas felizmente, que más allá solamente, don't cry for me, Argentina. Un día miraremos hacia esa costa furiosa desde el otro lado, espero que todavía de aquél, de los vivientes, echados a los hirvientes mares del sur que rodean al Cape Horn. ¿Será el futuro viaje?

nelson_bay Finalmente podemos afirmar: We survived The Western Explorer. Mientras tanto miramos hacia el oeste.

nelson_bay El encuentro con el Océano se impone con fuerza a cualquier imagen pensada sobre mostrar sus potencialidades. Nos encontramos con él en un momento mágico, a la última luz de día. Fugaces apariciones de sol saturan el aire, hinchando las gotas de fulgores fantasmagóricas, transformando el muro impenetrable de lluvia en un portal majestuoso, el más perfecto arco iris.

El Océano ruge, se agita, arremete contra la costa dejando a su paso las crestas de rocas sangrientas, estrellando las espumas sobre murallones blancos. Es el momento de dejar que su ruido penetre en el cuerpo, ceder bajo sus golpes, decir: hasta aquí hemos llegado.

Es el momento de vacilación - ¿quedar un momento más o irse? El viento pronto borrará nuestras tímidas y embriagadas huellas. Para nosotros quedarán los esforzados perfiles de la hierba costera, peinados con la violencia del viento y con los destellos de la dispersa luz de atardecer. Con los ojos llenos de agua salada damos la vuelta.

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