La Isleta del Moro

Un día Txema y sus compañeros de "Subparke" hicieron ponernos las rodillas sobre el fondo arenoso del embarcadero de La Isleta del Moro. "En el agua se está mejor", ésta era su respuesta a las inquietudes de los principiantes... Y para todo lo demás.

Poco más tarde, David de La Isleta se encargó con toda su dedicación para que nuestras rodillas ya nunca más volvieran a arrastrarse sobre el fondo marino. Sus indicaciones mordaces y persuasivas lograron que no haya día que dejemos de pensar en el buceo. Y tanto en las situaciones críticas como en las más placenteras su fantasma consejera asiste nuestro parecer. ¿Se puede pedir más a un maestro?

Esa relación virtual de ambos instructores, reflejada en nuestros principios subacuáticos, resultó finalmente ser real. Los dos forman ahora un tándem magistral del Centro de Buceo "La Isleta del Moro", haciendo del entusiasmo y la sensatez su lema.

Fotografía submarina

Otra vez lo mismo. La misma rutina de llevar los equipos a la embarcación, el mismo "pisa el cabo", lo de siempre de no contaminar el equipo con la arena y el mismo David con su rollo de siempre. La enésima vez la Restinga de las Anclas. Y como nunca antes las fotos soñadas. Las de macro imposible. Las que valen la pena.

Es obvio que si lo piensas puede resultar aburrido bucear en el mismo sitio una y otra vez y las tantas otras veces. Pero tener el sitio habitual de buceo, como La Isleta del Moro, es un privilegio.

Uno de los grandes valores para la fotografía submarina es tener "ese sitio", el tuyo, donde conoces a un tal David que solo al señalar con los ojos, el sabrá que vas a equiparte en el agua, que aún no te pasa el equipo, que estos cinco minutos que te retrases en subir al barco son los justos para las circunstancias. Y sobre todo, se preocupará de que conozcas el sitio de buceo. ¿Aburrido? Es la fórmula primaria para que saques al menos "aceptables" fotos submarinas.

A la etapa de la "creatividad" difícilmente se pasa sin esa relación íntima con el sitio de buceo. Para ver los cuernecitos de un gobio de tres centímetros; primero, tienes que "enamorarte de ese gobio" y eso, porque no hay, por ejemplo, los tiburones, ni otras extrañas y disuasorias criaturas, luego, quedarte enganchado de el hasta que no se pueda más y "convencerle" que el también se quede contigo. Requiere tiempo. Mucho.

¿Creatividad? Si, es la hija de la rutina y del aguante. Respetando esa descendencia, el más prosaico gobio deviene en el monstruo más fotogénico e inesperado.

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