Desde el bucólico comienzo con agua llena de flores flotantes, a través de los rápidos pasado el Sil hasta las llanuras tranquilas de la desembocadura. Lo fascinante de la naturaleza empezaba a resquebrajarse bajo el ruido de la maquinaria pesada, utilizada para construir nuevas autopistas. En las suaves laderas, llenas de vegetación, empezaban a verse las nuevas heridas del paso del "desarrollo". Súbitamente aparecía una mole blanca, el balneario de Arnoia, devolviéndonos a la otra realidad. Las tranquilas aguas del río se abrían bajo las ruidosas motos de agua cerca ya de A Guarda.

Rio Miño

A pesar de todo ello hemos disfrutado como enanos. Disfrutamos con el paisaje al paso de la piragua, las ciudades como Ribadavia y Tuy. En nuestras cabezas permanece el recuerdo de la gente, los lugareños; la belleza emanaba desde dentro. Dos barras de pan y dos botellas de albariño casero que nos llevábamos agradecidos de un encuentro con los habitantes de la orilla reflejaban el vínculo humano a través de un enlace ya tan poco aprovechado.

Pero ahora, tantos años después, no nos atrevemos a volver. No queremos decepcionarnos aunque pensamos que aún uno puede quedar encantado por las brumas que se elevan de las aguas del río, descubriendo un nuevo día, la importancia de navegar.

Miño
En Padrón iros a la tasca "Oscar Rizos"... Y al final estamos en la tasca. Mucha risa. Aquí empezamos a conocer Galicia.