El Pantanal - Saliendo de Puerto Suárez

Nos despedimos de El Tumbador. De los anfitriones y de la pequeña fauna que nos acompañó en nuestra habitación.
Ahora el rumbo es hacia el oeste. Antes de embarcarnos en el vuelo de regreso en Santa Cruz pasaremos por Roboré. El camino ofrece un panorama desolador de los cambios y sus costes que sufre la región en el nombre de la modernización. Entre las bocanadas de polvo que se levanta a cada paso de los camiones pesados que se cruzan con el autobús podemos ver pilas de árboles amontonados a lo largo de la carretera.
Roboré brinda la posibilidad del respiro, aunque ni siquiera la sombra de la noche promete refrescar. Será al día siguiente cuando nos vayamos por los alrededores, dejando embobarnos por los tesoros ofrecidos por la naturaleza de Aguas Calientes. Ya al atardecer, todavía con las imágenes de un sol colgado desde el cielo parpadeante del calor dejamos atrás Santiago de los Chiquitos - un pueblo cuyos últimos momentos de calma se llevará la próxima carretera.
La misión en Santiago de Chiquitos.
Y su patio.
Una casita con mucha luz al atardecer.
El paso por Santa Cruz resultó lo suficientemente traumático para adelantar nuestro vuelo a La Paz. Recorremos la ruta ya conocida. Esta vez traficando nuestros recuerdos a través del paso fronterizo en El Desaguadero. Es uno de los sitios emblemáticos del contrabando a gran escala. Nuestro aliño de recuerdos y un bote de hojas de coca es lo suficiente banal para pasar desapercibidos frente a toneladas de sacos de azúcar que hacen cada día su ruta a través del lago Titicaca.




