La Paz

La Paz

Desde el fondo el valle se lanzan edificios altos de cristal y acero de la parte lujosa tradicionalmente y ostentosa de los nuevos ricos. Pero no alcanzan ni de lejos el espectáculo, la fuerza y la perseverancia con la que las empinadas laderas que rodean el socavón paceño se revisten de los asentamientos de El Alto. Como los gusanos de lava, esta vez en el sentido contrario pretenden alcanzar los vértices de los majestuosos Mururata e Illimani. La Paz es indígena. El Alto es el despliegue todocolor, apasionante, asombroso. Nos encontramos envueltos en la multitud de la plaza de San Francisco. Bajo el cielo nocturno recorremos las empinadas calles evitando que el frío de la noche nos haga desistir. Esperamos por la mañana como los primeros puestos de los curanderos se abren para ofrecer sus remedios para el alma y el cuerpo. Hechizados repetimos los conjuros de las brujas que otorgan poderes a los remedios.

Estos nos llevan a detestar lugares que ofrecen comida típica en los restaurantes con estrellas. Pateamos las calles del mercado de frutas y verduras. Detrás de las puertas de la pensión Cochabamba se esconden manjares del lugar para los de aquí y también para los como nosotros huyen de la elaboración occidentalmente contaminada. Este es el almuerzo que nos satisface.

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La Paz vista al atardecer desde nuestro hotel.
¿Hemos estado aquí antes?
Estamos en la zona de la Plaza de Armas.

Visita virtual (y real) recomendada: Museo de la coca en La Paz. Vaya caramelos de coca que venden. Únicos en el mundo. Aunque preferimos masticar hojas...