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Antalaha

Al quinto día llegamos a Antalaha, precipitados por Paul el Australiano, que iba acelerado por sus delimitaciones del tiempo, y aquí disponemos de unos momentos de readaptación a lo que va a ser empezar el viaje.

Vestigios de la colonización que no cesa. Los patios donde las mujeres se dedican al trabajo minucioso de confeccionar los manojos de las vainas de vainilla; los pistilos fragantes de la planta que supone la riqueza de la región de Antalaha y de toda isla. O mejor dicho, de algunos personajes de Madagascar, muy pocos. Largos paseos hasta la noche, cuando ya no quedan los mangos y todavía con soplos de brisa vienen los deseos de tomar una última cerveza. Mañana de salida. Retraso habitual del avión; antes del embarcar se pesan los bultos y a los pasajeros. Una gorda germanoparlante se abochorna ante una falta de disimulo conveniente en la reacción del personal. Pequeños detalles.

Vainilla-vanille-vanilla
Cap Est Cap Est Cap Est
Cap Est Cap Est
Antalaha Antalaha Antalaha
Antalaha Antalaha Antalaha
Antalaha