Se acabó

Las Palmas

Revivo las experiencias que ya forman parte del pasado. Llegan de manera casi sensorial.

El crío del tren que como un gusanillo emergía debajo de los brazos, se sumergía entre las mantas que cubrían el suelo de vagón. Con un dátil en la boca; o con la teta de su madre - su universo era tan próximo a cualquier otredad. Aparentemente reservados y distantes varones dispensándole toda clase de cariños. Y todo sin que se ubique esta criatura en el espacio de una infancia cargada de la excepcionalidad.

Las miradas, sonrisas, aprobación de las mujeres que viendo mis manos pintadas con henna, me hacían el lugar entre ellas. Confundidos con mis pantalones y el turban los varones que hasta que no advirtieron este distintivo femenino, extendían sus manos para el apretón de saludo.

El té mediante él cual se configuran las relaciones personales. Aquella tarde con Abdoulaye, que dejó la sensación tan tenua y no comprometida de las circunstancias, a la vez revelando la profundidad de los significados de compartir.

Llega la hora de decir hasta pronto. ¿Cómo de pronto?