El tren

Arropados con las miradas, las sonrisas, los acercamientos, esperamos la salida del tren. Su paso estremece, nos separa del sol que se esconde bajo el horizonte. Larga sombra que cae sobre nosotros oculta el alboroto para llegar hacia las puertas. El viaje tiene sus puntos intensos según aumenta la dulzura del té.
Ésta es la estación de tren de Nouadhibou para partir a Zouerate. A veces son horas de espera sin que ello disuada, trastorne las rutinas del rezo, alborote.
Empezamos a conocer a la gente con quiénes viajaremos.
La espera se hace larga. Está oscureciendo. Paciencia es lo que se necesita y lo que hay.
Seguimos hacia Zouerate. Queda toda la noche. A ver si se puede echar una cabezadita. El vagón (único) es todo un lujo a lo occidental. Enterito compartimentado de seis en seis asientos.
Taxi-brousse partiendo desde la parada de tren en Chôum.
En el fondo Chôum envuelto por el polvo del desierto.
En el tren se suelen transportar todo tipo de víveres y enseres para la vida de los lugareños. La descarga es muy rudimentaria.
Hemos llegado. ¿Adónde? El tren ha parado unos 35 kilómetros antes de Zouerate. No parece algo excepcional. Así que a buscar el transporte, que tampoco parece difícil...















