Zouerate

El viaje se hace cada vez más intenso en la medida que aumenta el frío de la noche del invierno sahariano. A mediodía nos presentamos delante de la gran barrera culminada por la Kediet ej Jill. No podemos disfrutar de mucho tiempo de sentirnos un tanto perdidos. Abordados en la calle por un 4x4 cambiamos de coche y caemos en los brazos de los amigos de Oumar, ese inseparable compañero que nos custodia desde lejos. Así, a partir de ahora El Hadj Fall - el maestro que enseña historia y geografía en la escuela y sabe mucho de Trarza y la colonización - nos brindará su valiosísima compañía. Con él no solo llegaremos al corazón mismo de la mina, también tomaremos la leche recién ordeñada de camella, compartiremos veladas y cuando llegue la hora de la despedida ni siquiera seremos capaces de expresar nuestra gratitud.

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Ya estamos en el "Auberge Tourine" de la familia Bâ.
Atarse el "hawli" requiere de algún entrenamiento previo. La cuestión no es estética sino funcional.
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El animalillo callejero más común en Mauritania. Hay también gatos, pero de perros nada... ¿Alguien sabe porqué?
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Hemos salido a la calle... Con muy poco tiempo antes de la puesta del sol.
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Para los incrédulos - estamos en un país árabe. ¿Una panadería?
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Calles y mercado de Zouerate.
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En la estación de taxi-brousses. Esperando la salida a Chôum.
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Ésta es la estación de tren de Zouerate. Realmente tuvimos que correr para tomar el tren así que no hay más... Ni siquiera pudimos despedirnos en condiciones.
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La salida de Zouerate. El paisaje visto, en la mayoría de los casos, a través de un ventanuco abierto por un momento para tomar las fotos. Arena y polvo reinantes.

Granja de camellos

Ordeñando a una camella
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Primero compramos leche de camella y fue por la noche. El Hadj Fall, Ahmed y el conductor nos llevaron a la granja después de que habíamos visto en un cartel el anuncio de venta de leche de camella. Otro día visitamos la granja de día y pudimos incluso montar un camello. ¿Servirá para el futuro?
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A la vez cuando los dos hombres ordeñan la camella, tienen que espantar al pequeñajo que intenta llegar a las ubres.