Mozambique

Pemba

Parece como si sobre la frente tuviésemos inscrita la advertencia de abstenerse a los que pretenden hacernos la pelota. No facilita esto las tareas del jefe de Nautilus quien, a pesar de lo acostumbrado con los huéspedes, opta por desaparecer de nuestro menú. Así, sin las alteraciones por un ridículo savoir être institucional saboreamos la exquisitez culinaria de un plato de marlín, inmersos en un instante cuando los relieves se ven adulterados por la huida del sol hacia las profundidades. La playa de Wimbe es entonces un nexo entre el cielo afligido por los cocoteros y la inacabable nocturnidad del agua. ¡…la delicia del marlim!

Una mañana cuando Brenda anunció "I will take you to the depths", los preparativos de la salida asemejan ser una liturgia. El preludio del día anterior, unas inmersiones de tanteo, supuso solo un aperitivo bastante soso a pesar de haberlo disfrutado. Dispuestos en el barco. Miradas clavadas en los equipos. ¿Acojonados? Apenas nos alejamos de la costa. El ancla en un lugar preciso. Comprobamos la carga. La bronca de Brenda a Omar. El cambio de la botella supone volver al Centro. Tardamos muy poco para echar el ancla otra vez. La corriente. Visualizo el briefing de la inmersión. Plataforma a los trece metros y luego… Tres respiraciones de chequeo. Al agua. Sigo a Brenda que baja en picado. El susurro in crescendo en los oídos. Excitación. Hervor impaciente. Embrujadora levedad de ser. ¡Calma! Es un canto de silencio, un hechizo de la negrura cristalina desde más allá de una extensa caída de unos ochenta metros. Disgusta la palpitación de corazón, la necesidad de respirar, la mortalidad. Me vendería al diablo por un instante más. Escoltados por las gigantescas alas de las gorgonias debemos devolvernos a la tierra. Vivirlo una vez más es lo único por lo que vale regresar bajo el sol. Subimos hasta los cuarenta metros para atravesar el túnel - el Hades fascinador, el acceso al The Garden of Eden. Aquí nos dejamos cautivar por todo lo inimaginable. Apresados por el techo de la parada de seguridad, de manera irónica, nos afirmamos pertenecer a este mundo líquido. La cuarentena imprescindible antes de salir es el tributo que debemos pagar para volver a las condiciones terrestres.

Nuestra décima inmersión la celebraremos en la isla Ibo.

Metoro Metoro Metoro
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